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¿Qué tipo de jefa eres?

Fuente imagen: Google Images

Así como en la vida hay formas de encarar las relaciones sociales en general, aquellas mujeres que tienen a cargo un grupo de personas deben pararse a pensar qué tipo de jefas eligen ser. Esto puede ser determinante a la hora de conseguir los resultados buscados en cuanto a la eficiencia laboral y las relaciones interpersonales.

Existen liderazgos adecuados y otros inadecuados. Más allá de las diversas categorizaciones de las aulas de Recursos Humanos, propongo una versión adaptada donde también es necesario conocer cómo reaccionan los que están del otro lado y cómo esto puede afectar el negocio.

Una jefa motivadora y decidida va a ser aquella que discipline y corrija pero al mismo tiempo estimule y respalde las ideas del grupo. Estas personas saben delegar muy bien determinadas tareas pero a la vez son responsables por aquellas que les son propias. Hay algunas incluso que optan por ubicarse en el lugar de coordinadoras. Este tipo de actitudes, más o menos practicadas, generan un clima de  trabajo positivo donde la líder inyecta confianza al equipo y puede potenciar las competencias laborales de cada uno en pos del objetivo. Cuando sus empleados le dicen que «no»  a determinado planteo, por ejemplo, este tipo de líder repensará racionalmente el porqué de esta decisión y buscará mejorar la propuesta, volviéndola a sugerir constructivamente.

Por otro lado, encontramos jefas que no consideran las ideas del resto del grupo. Fijan los objetivos y, sin importarle los medios, esperan conseguir los resultados deseados siendo muy severas si esto no se logra. En este caso es probable que se alcance la eficiencia exigida pero la presión desde lo emocional no repercutirá favorablemente en el conjunto a largo plazo. En este caso, es muy probable que ninguno de sus empleados se anime a decirle que «no» a nada, pues temerá por su continuación en la empresa. También vemos líderes que generan dependencia al no darle la autonomía necesaria para que los empleados a su cargo puedan crecer. Esto frustra a las personas y los desmotiva repercutiendo negativamente en la calidad del trabajo requerido. Una de las explicaciones de esta actitud puede ser la inseguridad de que otros le quiten su cargo o el qué dirán por ser menor en edad que el resto, por ejemplo. En el otro extremo hay jefas que sólo reproducen las directivas como portavoces de sus propios jefes planteando un desinterés que contagia al resto del grupo y le hace perder el rumbo.

Es interesante pensar con qué nos sentimos más identificadas para poder volver a considerar qué lugar ocupamos en nuestro lugar de trabajo. Como jefa va a haber cuestiones inherentes a la personalidad de cada una, pero al observar qué consecuencias pueden traer determinadas actitudes será productivo incentivar el cambio. Como sus empleadas, también tendremos nuestro carácter, pero esto nos ayudará a comprender que muchas de las cosas que tanto nos estimulan como nos frustran en el trabajo parten del tipo de líderes que ellas deciden ser.

Película recomendada: The Devil Wears Prada – 2006 (El Diablo viste a la moda)

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